Feliz, muy feliz. Esa es la principal sensación que me llevo de la carrera que hoy he disputado en la Mitja del Vendrell. Cuando empecé a correr mi principal objetivo era terminar una Maratón. Pero también es cierto que a medida que he ido corriendo no sólo quería ser un finisher, sino también poder superarme y alcanzar un buen nivel, aún a sabiendas que sería imposible ganar nunca una carrera. Para mi existía una barrera psicológica en la media maratón, que los que me leéis habitualmente sabéis que es mi distancia favorita: bajar de la 1:30. Habiendo ya corrido 13 medias maratones, llegaba a la decimocuarta con la intención de rebajar ese tiempo y marcar un hito en mi vida runner. Un par de semanas antes me había quedado a 5 segundos, con lo cual sabía que podría llegar a ese objetivo, aunque no sin sufrimiento.
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| Nutriéndome de la fuerza de Alberto |
Durante la semana había entrenado duro, llegando al domingo con una carga de 44 kms, 24 de ellos en una tirada larga el miércoles, buscando el estado óptimo para la Maratón de Valencia. El domingo empezaba la mañana desplazándome con toda la familia al Vendrell y llegaba con el tiempo bastante apurado, rodando apenas cinco minutos antes de empezar la carrera. Ahí coincidía, entre otros, con el otro representante del club, Martín Olmedo, con quién me echaba unas risas para rebajar la tensión del momento.
El inicio se daba a las 10.00 de la mañana, en un circuito bastante llano aunque con algunos repechos considerables, sobretodo en el tramo final, circuito al que teníamos que dar dos vueltas. La intención sería ir todo el rato con mis dos liebres favoritas, Robert Mayoral y Dani Sanchez, las dos liebres que la organización había puesto para llegar al objetivo de 1:30. Al principio, como es normal, se creaba un grupo bastante numeroso con la mezcla de los que hacíamos la media maratón y los que corrían 10 kms. Las liebres llevaban los tiempos iban muy bien marcados, teniendo en cuenta las subidas, con lo cual siempre íbamos llevando alrededor de 20-30 segundos sobre el objetivo para no ir al límite en el tramo final. Hasta el paso por el km 10 yo me había incrustado en el interior del grupo, tratando de conservar las máximas fuerzas posibles.
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| Grupo de 1:30 por el km 14 |
En ese avituallamiento, km 10, me avanzo algo para coger agua con tranquilidad y me pongo a tirar durante 3 kms del grupo, relevando a las liebres y dándoles algo de oxigeno. Ahí me siento cómodo y por algunos momentos pienso en irme hacía adelante, más cuando el compañero que tengo tirando conmigo se despide de nosotros y da un acelerón importante, pero finalmente desisto y las liebres vuelven a tirar del grupo, el cual ya era más pequeño, aprox. 12 personas. Del km 15 al 20 tengo algunos momentos de flaqueza y en algún tramo pierdo algún metro, teniendo dificultades para contactar, pero finalmente consigo no perderlos, mientras que otros van cayendo por el camino. En el km 20, en la última gran recta, me despido de las liebres y me voy, buscando robarle algunos segundos al crono para tener tiempo de entrar a meta con mis dos hijos. Ahí, practicamente en línea de meta, me paro y mi mujer me los cede, pasando por meta con ellos y cerrando el crono en 1:29:45.
| Entrando a meta con mis dos tesoros |
La sensación es de haber cerrado el círculo que inicié hace dos años en El Vendrell. En mi primera media maratón en el 2012 obtuve 1:50:01, un año más tarde en el 2013 pase por meta en 1:39:28 y este año ya bajaba de 1:30. Siempre el Vendrell es una prueba de paso hacía otras metas objetivo, como este año la Maratón de Valencia, pero las alegrías que he obtenido en esta localidad son muchas. En dos semanas puede pasar de todo en Valencia, espero que todo sea positivo, pero mi sprint final de temporada esta resultando muy gratificante, aunque lo que hay que recordar siempre, porque también vendrán malos días, es DISFRUTAR del running.


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